domingo, 28 de abril de 2013

El Protocolo judicial en España




El protocolo y ceremonial del Poder Judicial de España (en su conjunto) es una de las asignaturas pendientes que tienen la mayoría de los profesionales en nuestro país, que en un porcentaje alto desconocen, pese a formar parte del gran ceremonial oficial. De eso se puede dar buena fe por el alto número de consultas que han llegado y siguen llegando hasta el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela en los dos últimos años.  No es una cuestión fácil de entender porque se entremezclan muchas normativas generales del Estado con las propias de este Poder, así como las costumbres y tradiciones que rodean a este importante sector, que prácticamente está todos los días en los medios de comunicación.

Por otra parte, en la mayoría de los actos oficiales que promueve el Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales, cuentan con la presencia de representantes judiciales y jurisdiccionales a quienes en muchas ocasiones resulta difícil de encajar entre los invitados a un evento. En este sentido, es necesario advertir de la importancia de dominar este protocolo, tanto para quienes ejercen en el sector público como en el privado. De esa dificultad da buena fe lo complicado que resulta a los alumnos de Grado y Postgrado que se preparan para ejercer en el futuro tareas de protocolo y organización de eventos.

Podría preguntarse, ¿quién va antes, el Presidente de la Audiencia Nacional o el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en un acto a celebrar en Madrid y por qué? ¿O quién tiene mayor rango a estos efectos, un magistrado del Supremo o el fiscal jefe del mismo? ¿O, más cerca de los ciudadanos un juez decano o un magistrado de la Audiencia Provincial? Preguntas sencillas, pero que muchos desconocen, generándose a veces errores en la aplicación real en diferentes eventos.

El Protocolo en el Poder Judicial se rige por leyes y reales decretos nacionales, y en especial por el Reglamento 2/2005, de 23 de noviembre, de Honores, Tratamientos y Protocolo en los Actos Judiciales Solemnes. Una lectura del mismo contribuiría a entender muchas cosas, así como un seguimiento especial de sus actos específicos. En este sentido, es preceptivo aconsejar su estudio, y animar a algunos doctorandos a que realicen posibles tesis doctorales al respecto, pues es un tema rico y amplio como para desarrollarlo y necesitado de divulgación.

Aparentemente, puede dar la sensación este Poder de aplicar un viejo ceremonial, porque se basa en costumbres y forma parte de un sector no propicio a abrirse en este sentido a la Sociedad. Pero en ocasiones aportan sus actos cuestiones que apuntan a una cierta renovación que permite pensar que también a la Justicia le ha llegado la necesidad de actualizarse.

Entrega de despachos a nuevos jueces en Barcelona

Un buen ejemplo de ello fue la reciente entrega de despachos a la LXIII promoción de nuevos jueces, que tras su preparación en la Escuela Judicial, recibieron del Príncipe de Asturias, en el transcurso de un acto celebrado en Barcelona, el pasado día 4 de abril, el documento que acredita a 231 personas, 145 mujeres y 86 hombres, con una media de edad de 30 años, que comenzarán a impartir Justicia. Cifras interesantes para los aficionados a las estadísticas o para quienes desean mayor presencia femenina y acceso a jóvenes. En ese mismo acto, la número uno de la promoción recibió de manos del Heredero la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Puede verse un resumen/reportaje del mismo en http://www.youtube.com/watch?v=tK23xV9U4tU.
(Entrega de la Cruz de San Raimundo de Peñafort a la número uno de la promoción)
De este acto se debía destacar la presidencia, muy novedosa para el sector judicial, y que puede servir de referencia a otros ámbitos de la organización. Con independencia de que cada uno considere excesiva o no la mesa (13 personas), nos quedamos con lo más importante en nuestra opinión. Fue presidida por el Príncipe, y los listados de autoridades civiles y judiciales se repartieron en la misma en dos sectores. A la derecha de la presidencia, las judiciales por su orden, a la izquierda, las civiles por el Real Decreto, artículo 12. De esta forma a la derecha del heredero se sentaron el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (que como dice la normativa presidirá todos los actos promovidos desde el Poder Judicial, cediendo solo a los miembros de la Familia Real, razón que justifica la colocación en el puesto 2, pues de hacerlo en el tres estaría cediendo al presidente catalán). A continuación lo hicieron el Presidente del Tribunal Constitucional, Fiscal General del Estado, Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Secretario del mismo y Directora de la Escuela Judicial.
(Entrega de despachos a los 231 nuevos jueces de la promoción)

A la izquierda de don Felipe, el President de Catalunya, la Vicepresidenta del Gobierno, Presidenta del Parlament Catalán, Delegada del Gobierno en Cataluña, Alcalde de Barcelona y Secretario de Estado de Justicia.

Esta disposición nos parece correcta, máximo si consideramos que la normativa interna del Poder Judicial señala que en sede propia las autoridades civiles deben ocupar zonas distintas a los representantes judiciales. De hecho en los actos que se celebran en sede judicial, al estrado sólo acuden los togados por su orden, ocupando la presidencia los miembros de la Sala de Gobierno correspondiente, más el fiscal jefe de la entidad, salvo excepciones puntuales derivadas de la costumbre (como la presencia en la mesa presidencial del Ministro de Justicia en la inauguración del año judicial). De esta forma, en la presidencia de Barcelona, a una zona quedaban unos y a la otra el resto, dando la derecha al Poder Judicial, un sistema éste que también se aplica asiduamente en el mundo deportivo.

Que la mesa presidencial fuera tan grande podría justificarse en el deseo de que en la misma estuvieran representados todos los sectores de la Justicia y de las principales instituciones civiles, al tiempo que el mayor número permitió agilizar la entrega de despachos al modo militar. Un acto bonito de ver y del que cada uno puede sacar las conclusiones que estime oportunas. En nuestro caso, consideramos una aportación que probablemente sea exportable a otros ámbitos del mundo oficial y no oficial. Una forma de adecuarse a los nuevos tiempos.

La paridad de las banderas

Al margen de ello, hemos de volver al asunto de las banderas, que están bien colocadas, pero dado que son 19 las comunidades y ciudades autónomas de España, si se decide, como fue en este caso, disponer las enseñas de todas más la española la suma hace veinte lo que genera que la bandera rojigualda no quede justo en el centro como parecería aconsejable en un evento que aunque se celebre en la ciudad condal realmente afecta a todo el Estado. Considerando que el acto es en Barcelona, la bandera catalana toma precedencia sobre la vasca, quedando España y Cataluña en el centro, una disposición que iguala en rango a ambos vexilos. El tema originará comentarios para todos los gustos, pero sí al menos hay que señalar que la posición central la ocupan España y Cataluña, con precedencia para la nacional, pero compartiendo el honor con la catalana. Algo inevitable salvo que se añadiera la europea, o sencillamente que se hubieran dispuesto en el centro dos de España, como se hacen en otros países y en instituciones europeas. Pero ahí queda la reflexión, para que cada uno defienda su teoría.
(El Príncipe de Asturias durante su intervención. A su izquierda, en la mesa presidencial las autoridades oficiales por su orden. Al otro extremo, no visibles en la imagen, los representantes judiciales)

sábado, 16 de marzo de 2013

¿Estamos ante nuevo Protocolo papal?


La elección de un nuevo Papa siempre suscita el mayor interés mundial, como puede deducirse no sólo de la simbólica presencia de miles de personas en la Plaza de San Pedro, sino en los miles de periodistas que estos días han llegado de todos los rincones del mundo a la ciudad eterna. Programas especiales, informativos en exclusiva,  la imagen del nuevo Papa desde el balcón de la fachada principal vaticana era la prioridad. Cada uno seguro que lo habrá vivido en su propio entorno observando cómo a los segundos de verse la fumata blanca se corría hacia sus ordenadores o a la televisión más próxima para conocer de la voz del Protodiácono el nombre del Sumo Pontífice, su nacionalidad y  oficial de su Pontificado.
 
Se proclama la esperada frase: "Habemus Papam".
El Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 17 de diciembre de 1936) ha sido elegido como el nuevo Papa el día 13 de marzo del 2013, ocupando el trono de San Pedro con el nombre de Francisco (al ser le primero no lleva numeración, ni tampoco es traducible como Francesco, tal y como algunos medios y periodistas han afirmado). estola, cruz pectoiral
Aparecía en el balcón principal el nuevo Vicario de Cristo, tras dos días de encierro de los 114 cardenales que con menos de 80 años podían votar. Se cumplía así el ritual ceremonioso de la elección y de la presentación al mundo del sucesor de Pedro. Nos sorprendía ya en esos primeros instantes algunos detalles que en situaciones como éstas son extremadamente importantes: vestido de sotana blanca como corresponde, pero sin la muceta roja con forro de armiño, que sus antecesores como Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II o Benedicto XVI mostraron el mundo el día de su primera salida al balcón. La cara de estupor de Guido Marini, el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, el mismo que pronunciaría la célebre frase "extra omnes" previo al cierre definitivo de la Capilla Sixtina en el Cónclave y quien se ocupa de todos los ornamentos y vestiduras, lo decía todo.
Solo la sotana blanca pontificia, con una cruz pectoral de plata y no de oro como sus anteriores, esgrimiendo una dulce sonrisa y transmitiendo una calidez y sencillez poco en el Vaticano. Quizá esa imagen hubiera sido perfecta si alrededor del Papa Francisco no hubiera tanto cardenal y ayudante que no hacían más que atosigarle y ofrecerse continuamente. "No hay que perderse este momento de gloria y quedarse fuera de la foto", parecían pensar, mientras el Pontífice trataba pese a su entorno en transmitir la sencillez y sobriedad de la que hacen gala los jesuitas. Unas sentidas palabras y con cierto sentido del humor. Sólo se colocó la estola para la bendición Urbi et orbi, como es preceptivo, pero rápidamente quiso quitarse la tras impartirla. Tras unos segundos desesperantes intentaba que alguien le pasara de nuevo el micrófono para mostrar más humanidad: "Bona  noite y buen reposo". Frase sencilla para agradecer sin solemnidades las muchas horas de espera de los fieles católicos o de los curiosos.
 
¿Estamos ante un nuevo protocolo de posicionamiento en público? Es difícil aventurar en tan poco tiempo si el estilo personal del Papa Francisco obligará a los responsables oportunos a desarrollar un nuevo protocolo o al menos otro diferente. Pero todo apunta a que sí. Veremos la influencia que puede tener en los ritos, tradiciones, ceremoniales y liturgias que conforman el gran protocolo eclesial, más difícil de cambiar. Para eso habrá que esperar probablemente mucho más y si es su deseo adelgazar el boato de los representantes eclesiales deberá enfrentarse seguramente a gran parte de la Curia que siempre tiende a alejar al Papa de sus feligreses. Le costó al inicio a Juan Pablo II, pero parecía conseguirlo hasta el atentado que sufrió en el Vaticano, y Benedicto XVI se quedó en esa figura penetrante de gran sabio predicando desde su cátedra.
Por lo visto en los primeros días de su pontificado, personalmente sí creo que estamos ante una puesta en escena del protocolo personal del Papa, que seguramente trasladará a sus actos y a quienes participen con él. Su Maestro de Ceremonias tendrá que hacer un Máster express para pillar las intenciones que en este campo se ven venir, y el jefe de seguridad del Vaticano tendrá que aumentar sus dosis de aspirinas, porque no le va a faltar unos buenos dolores de cabeza.
Después de la puesta en escena de su presentación, en los días sucesivos lanzó unos cuantos dardos que obviamente no pasan desapercibidos. Acudió a la basílica de Santa María la Mayor, conocida en Roma como la Catedral española, no en su limusina oficial, sino en un coche algo más sencillo, portando él en sus manos el ramo de flores que depositaría en el altar a los pies de la Virgen, entraría por la puerta lateral para evitar solemnidades, mostró su disgusto porque estuviera cerrada a los fieles por el hecho de que él acudiera. Lo hacía con sus zapatos negros traidos de su sencillo apartamento de Buenos Aires, no haciendo uso de las sandalias rojas del pescador, símbolo del sufrimiento, zapatos que Benedicto XVI práctiucamente no dejó de usar.
Y el mundo se sorprendería más aún cuando regresaría a la pensión vaticana donde residió durante su estancia en Roma para recoger su maleta, sacar su cartera y pagar la factura como lo haría cualquier otro cardenal desplazado. Se reuniría ese mismo día en la Sala Clementina con el Colegio Cardenalicio -entre cuyos representantes ya se apreciaban cruces pectorales menos doradas- y tras oir las palabras del Secretario de Estado Vaticano, destrozaba de nuevo el tradicional Protocolo para levantarse de su sitial e ir al encuentro de aquél para darle un abrazo, un gesto por cierto que casi le cuesta darse de bruces en el suelo. En la misa del día siguiente con los mismos y en idéntico lugar pronunciaría su homilía no sentado desde la Cátedra, sino desde un atril de pie "que es como la mayoría de los sacerdotes de dirigen a sus fieles en esa fase de la misa", resaltaban algunos medios.
"Revolución en el ropero pontificio", titulaba el diario gallego Faro de Vigo el pasado 16 de marzo. Finaliza la crónica su anónimo periodista con este párrafo: "Los primeros movimientos del Papa Francisco apuntan a una revolución en el ropero papal y a un uso de vestimentas más sencillas y sobrias, así como a un arrinconamiento de lo ostentoso y lujoso. Varios datos concomitantes lo corroboran por el momento. Uno, los planos televisivos que muestran cierta expresión de estupor en Guido Marini, el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, el hombre que pronunció el "extra omnes" en el Cónclave y que administra las sacristías del Papa y todos los ornamentos y vestiduras. Dos, el hecho de que los cardenales no lucieran ayer ostentosos pectorales de oro, o dorados, sino similares al del propio Francisco, de plata o de acero. Tres, que los ceremonieros que han acompañado al Papa en su misa con los cardenales en la Capilla Sixtina no utilizaran los roquetes y las albas de puntillas, ese tejido esmeradamente repujado en hilo que en la Iglesia introdujeron con gran éxito los pañeros y los hiladores de los Países Bajos desde el siglo XVI en adelante. Cuatro, la indumentaria del propio Francisco, la más simple que pueda usar un Papa, por ejemplo, sin la muceta roja, y menos con forro de armiño. Pudiera ser que Francisco utilice sus propios zapatos negros temporalmente y algún día calzase los rojos, pero ello no restaría validez a estas primeras notas de un Papa que o bien ahorma al ropero pontificio o bien acaba siendo ahormado por este".
Estamos ya ante un Papa de gestos importantes, al que ya algunos cronistas televisivos han venido en llamar textualmente "Nueva música para la Iglesia". Todo apunta a que será un jefe de la Iglesia Católica cercano, sencillo y sobrio, que ta tenido que recordar a los "Príncipes de la Iglesia" (cardenales) que hay que pensar más en Jesús si no se quiere convertir a la Iglesia en una sencilla ONG. Este Papa dará mucho que hablar por su estilo protocolario y deseamos que también por sus acciones para acabar con los excesos y escándalos que rodean ahora al Vaticano y su jerarquía, y que se guardan celosamente en un libro/informe escrito por tres cardenales (uno de ellos español) en la caja fuerte de las habitaciones papales, documento que le ha dejado el Papa Emérito, incapaz de enfrentarse a esos problemas, tal y como en el viernes el periodista vaticanista, autor del libro "Los cuervos del Vaticano", Eric Frattini, en el transcurso de un coloquio organizado por la Universidad Camilo José Cela, en el que también estuvo el especialista en protocolo José Carlos Sanjuán y que tuve la oportunidad de coordinar. Finalizaba mi intervención con una pregunta al periodista y al experto en Protocolo: ¿Veremos alguna vez a este Papa ofreciendo una rueda de prensa formal? La respuesta del periodista fue tajante: "Muy probablemente...Sí. Incluso admitiendo preguntas".

Ver video: http://www.telemadrid.es/?q=noticias/internacional/noticia/el-bergoglio-estilo-llega-al-vaticano
 
 

sábado, 9 de marzo de 2013

Eventos sencillos, impactantes y con sentido




La verdad es que a veces el mundo de los eventos es asombroso. La creatividad va ganando cada día más fortaleza para quien quiera dedicarse a este mundo. Quienes llevamos años trabajando en el sector, tanto en Protocolo como en Organización de Eventos, no nos deja de sorprender cómo evoluciona este sector y a qué velocidad. La directora general del Instituto Superior de Protocolo y Eventos, Gloria Campos, me comentaba recientemente que nuestro sentido como profesión comenzará a dar un giro de 180 grados cuando nos demos cuenta que pertenecemos no solo a un sector comunicacional como Protocolo, sino a toda una industria, la Industria de los Eventos que mueve miles de millones de euros al año en nuestro país. Ya sólo el 7 por ciento del PIB nacional proviene del Mercado de Reuniones. “Cuando se entienda que estamos en una industria”, dice Campos, “los profesionales se darán cuenta de que el concepto tradicional de Protocolo se quedará como una pequeñísima herramienta de lo que realmente es en nuestro ámbito de trabajo el presente y el futuro: el evento”. Una reflexión brillante.


Este párrafo me viene a la cabeza, cuando en esta mañana de sábado preparando una clase para el Grado de Protocolo y Organización de Eventos de la Universidad Camilo José Cela, buceaba en el mundo de las agencias buscando un evento que se saliera de lo común, que no fuera solo un motivo para una campaña viral, y en el que se utilizara un hecho o circunstancia propia de cualquier evento. Me habló Gloria Campos de la conmemoración en 2009 de los diez años del canal temático de pago Calle 13. Hizo un evento muy singular con una repercusión espectacular. Dentro de sus acciones “10 años de suspense y acción”, creó “La Cocina de Calle 13”, un evento culinario que durante un mes proponía al espectador un menú creado para la ocasión por el chef Darío Barrio, inspirado obviamente en la filosofía del canal: el suspense, la acción, el miedo, el peligro y la tensión, ingredientes básicos de esta alternativa televisiva. Según sus promotores se quiso componer “un abanico de platos que harán disfrutar de una experiencia más allá de lo televisivo, para disfrutar con los cinco sentidos”.


Así se ofreció un menú compuesto de “Jekyll & Hayde” (Dúo de Cocktails), “Caja Torácica” (chips de yuca con alganorit y tataki de pluma de ibérico),“Fosa Común” (Sardinas marinadas al té Moruno, con arena de especies y germinados) “Autopsia” (merluza cubierta con la calabacín sobre espárrago verde), “Hara Kiri” (Pargo con semillas de sésamo blanco y Gazpacho de pimiento rojo), “Lago Ness” (langostino envuelto de patata y arroz suflado, en salsa de tinta de calamar), “Salto al vacío” (cochinillo confitado a la naranja con polenta), “Onda expansiva” (Mousse de chocolate con miga de Brownie, granillo de Praliné y caramelo de chocolate) y “Ruleta Rusa” (macarrón de frambuesa y chocolate, con corazón de chile).  Este menú se pudo degustar en el Hotel Room Marte Óscar, en la Plaza de Vázquez de Mella en Madrid. Al módico precio de 50 euros se podía hacer la pertinente reserva. Y como todo evento que se precie no podía faltar la frase lapidaria en este caso o impactante:” Ya has sentido la tensión. Ahora vas a probarla”. Espectacular.
Lago Ness


Autopsia


Caja torácica


Fosa Común

Onda Expansiva


Se abrió al público nada menos que con un invitado de excepción, el actor Rob Morrow, protagonista de la serie Numb3rs, una de las más destacadas del canal al menos en aquél. La cocina estuvo llena desde el primer día, decorada de acuerdo a la temática, demostrando que “todo aquel que prueba la experiencia Calle 13 quiere repetir”, como se recoge en el video resumen correspondiente extraído de shckchannel:
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 El mensaje principal que querían transmitir sus promotores se resume en esta frase: “En estos 10 años se ha convertido en uno de los canales más populares en la televisión temática en España. Pero si hay algo que lo distingue, es su vertiente creativa; tanto en sus campañas de marketing como en sus piezas de autopromoción. Toda esta creatividad ha contribuido a crear uno de los canales más notables del panorama audiovisual, haciendo de Calle 13, el canal español más premiado internacionalmente”. Una acción así mereció este comentario de la web especializada “Vaya tele”: “Muchas veces nos hemos quejado desde estas líneas que las cadenas españolas no llegaban al nivel de promociones de las del otro lado del charco, y aunque en muchas ocasiones es cierto, esta tónica está empezando a cambiar paulatinamente, sobre todo en las cadenas temáticas. La última que ha hecho una promoción original y que merece aparecer aquí es Calle 13”.


Es un claro ejemplo de cómo una buena creatividad es capaz de generar un evento que no solo da prestigio y reputación, además de promoción, sino que encima deja beneficios. Su impacto mediático fue muy alto y las reservas difíciles de conseguir. Constituye también un buen reflejo de cómo puede extraerse un catering corporativo o tematizado, eso que tanto cuesta de entender a muchos sobre cómo convertir la comida o bebida que ofreces a tus invitados o clientes en mensajes subliminales dentro de la campaña de los diez años. Porque la comida, el servicio y los elementos del servicio aportan información y refuerzan el mensaje, al tiempo que se sincroniza la comida con el resto de los sentidos: vista, olor y sonido. Y para vuestra vale un botón, otro caso de impacto, una cena de Navidad para una empresa donde Food & Mambo, convierte una galería de arte en una exposición comestible. Merece la pena verlo:
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¿Verdad que todo esto da mucho que pensar sobre lo que los profesionales de protocolo deben de evolucionar? Y es que estamos en la INDUSTRIA DE LOS EVENTOS.  Mucho más que Protocolo.

sábado, 2 de marzo de 2013

Su Santidad Papa Emérito


(Modificaciones al artículo publicado en el blog de Carlos Fuente el día 24 de febrero de 2013,  una vez que se han ido haciendo públicas de forma oficial por el portavoz vaticano algunas cuestiones que eran fruto de la inicial reflexión)


Son muchas ya las personas que han preguntado al respecto. ¿Qué tratamiento tiene desde el 28 de febrero quien ocupara, como Benedicto XVI, la cátedra de Pedro al frente de la Iglesia Católica?  Hace más de setecientos años (la última fue en 1294, Pietro Angeleri di Murrone, que pasaría a la historia de sus cien días de papado como Celestino V[1]) que no vivíamos una situación así: la renuncia voluntaria de un Papa. La primera fue en el año 97, con Clemente I -cuarto Papa de la Iglesia Católica, al ser condenado y mandado al exilio-, la segunda la de Ponciano también enviado al exilio en el año 235, la tercera Benedicto IX en el año 1044, destituido por la vida que llevaba -aunque luego volvió a ser Papa en 1045 durante un mes y de 1047 a 1048 y el último fue Gregorio XII en 1415, en la época del Cisma de Occidente, obligada por el emperador Segismundo. Es por lo tanto casi inédito que un Papa deje de serlo en vida, lo que introduce en los tiempos actuales una nueva situación protocolaria.

Es cierto que no ha de preocuparnos mucho si Benedicto XVI se mantiene apartado del mundo y lejos de la realidad cotidiana. Pero, ¿qué pasaría si un día participara en un evento religioso o de otro tipo? ¿Debemos seguir refiriéndonos a él como Santidad? ¿Hay que seguir llamándole Benedicto XVI? Preguntas difíciles de responder hasta que oficialmente el portavoz vaticano, Federico Lombardi nos disipó las dudas, informando que tendrá el título de Papa Emérito o Romano Pontífice Emérito y que conservaría el tratamiento de Santidad. Algo que ha refutado el cardenal Francesco Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo de Textos Legislativos, una especie de tribunal constitucional que formula la interpretación auténtica de las normas jurídicas.

La lógica podría hacernos pensar que debería de dejar de llamarse Benedicto XVI, para utilizar la condición anterior a la que tenía antes de su elección como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo por el Sínodo de Obispos, como Cardenal Ratzinger. Sin embargo, los expertos vaticanos consideran que la condición de cardelanato no puede mantenerla, ya que es un dignidad que concede el Papa y Benedicto dejó de serlo cuando fue elegido Pontífice el 19 de abril de 2005. La cuestión se ha resuelto con el nombramiento del título antes señalado algo que personalmente no me cuadra, porque lo de Emérito puede sostenerse pero lo de Papa solo puede llamarse así quien ocupe la cátedra de San Pedro (a la hora de escribir este artículo estamos con la sede vacante).
   
Seguirá llamándose Benedicto XVI porque aunque no sea Papa desde el 28 de febrero, ha sido el Papa que ha llevado ese nombre, y como tal estará en la historia. Además, el sentido común y la lógica nos dice que le seguiremos llamando Benedicto, y probablemente muchos dirán “Papa Benedicto” o “Pontífice Benedicto”, lo que viene a demostrar que el Protocolo debe ir con la lógica y la cotidianidad. Por eso quizá hubiese sido un poco absurdo pensar en llamarle Obispo Ratzinguer, u Obispo emérito de Roma Ratzinguer, cuando ha sido el representante de Cristo en la tierra. Legalmente debería ser así, de no haberse dispuesto lo anunciado, pero desde el punto de vista protocolario como lo analizamos aquí, sospechamos que la realidad iría por encima de la legalidad.

Mantendrá pues el nombre de Benedicto XVI, aunque advierte no tener respuesta para el título que tendrá. Es de imaginar que el nuevo Papa tratará de darle, además de lo ya fijado, alguna consideración más que aún no se anunciado. Un ejemplo de que las cosas no pueden seguir igual en cuanto al tratamiento, reside en que un Papa cuando muere se le retira el conocido como "Anillo del Pescador" (símbolo del poder Pontificio) y se destruye una vez el Cardenal Camarlengo verifica la muerte, hecho simbólico que certifica que el reinado ha concluido. En este caso, el portavoz vaticano, Federico Lombardi no supo (o quiso) responder con exactitud a esta cuestión, aunque se mostró convencido en público que su anillo sería machacado, "ya que los objetos relacionados con el ministerio petrino tienen que ser destruidos".

Santidad Benedicto

El caso es que si no es Papa ejerciente no podría ser tratado como Santidad, ya que eso se reserva para el único que puede tener esa responsabilidad: el Papa titular. No es como el caso de un Rey que abdica y conserva el tratamiento de Majestad de por vida, e incluso el nombre oficial, tal y como ocurriera con Felipe V (en sus abdicaciones), Fernando VII (en su exilio francés) o Alfonso XIII (en su exilio romano). Incluso puede haber varias majestades al mismo tiempo destronadas. Sin embargo, se nos hacía duro pensar que alguien que ha sido Su Santidad en tratamiento pase ahora a ser un sencillo Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo o Eminencia si recuperase la condición de Cardenal. E incluso se nos hace duro pensar que un ex papa se coloque entre los obispos por el orden de antigüedad. Supongo que ante estas circunstancias nuevas (las referencias históricas señaladas no nos valen para lo que estamos escribiendo y menos para estos tiempos) el protocolo y ceremonial ha debido de reinventarse en la Iglesia en este aspecto. Un hecho que demuestra que el Protocolo debe estar vivo y sujeto a los cambios y evoluciones que se derivan de las nuevas situaciones. Tema éste del que muchos deberíamos tomar nota en nuestro país.

Sobre el tratamiento (por si alguien quiere enviarle una carta a su residencia) la cosa queda clara para el Pontífice Emérito, será Santidad, Su Santidad. Pero por ahora seguiremos conservando la duda de su precedencia si decidiera estar presente en un acto vaticano o eclesial en cualquier lugar del mundo. Si se diera la circunstancia de que el próximo Papa falleciera antes que Ratzinguer, y éste quisiera asistir a su funeral, ¿dónde se le ubicaría? ¿Un puesto especial? O sencillamente, que quiera asistir a su primera misa. Supongo que como pasa con los Reyes destronados, la solución vendrá por la vía de sugerirle que siga en su encierro eremita.   Bueno, tenemos todas las dudas, pero confiemos que pronto se despejen.
Bueno, pues ahí queda la expresión recogida por la revista infoCatólica: “El papa Benedicto XVI seguirá llamándose Su Santidad Benedicto XVI, tendrá el título de "papa emérito" o "Romano Pontífice emérito", vestirá sotana blanca, sin esclavina, y calzará zapatos marrones, especialmente los que le regalaron unos artesanos durante su viaje a México del año pasado porque «son cómodos y al Pontífice le gustan mucho». Tendrá que dejar de utilizar las emblemáticas sandalias rojas, conocidas como las Sandalias del Pescador Bueno, al menos los fieles tendrán un Papa Emérito que caminará cómodo, seguramente por algo más que los zapatos de nuestros hermanos mexicanos.

¿Ex vice-Dios?

Paolo Flores D’Arcais, el pasado 24 de febrero escribía en El País una buena reflexión al margen de lo estrictamente protocolario, pero que nos sirve a los estudiosos de esta disciplina como argumentos para otras cuestiones relacionadas con el ceremonial vaticano:

“El Papa, en efecto, no es solo, como se dice a menudo, el último soberano absoluto, porque no han faltado soberanos absolutos que hayan abdicado. El Papa es o, mejor dicho, era hasta ayer, un soberano absoluto dotado para sus creyentes de un carisma radicalmente incomparable, el de ser el vicario de Cristo en la Tierra, el sustituto en el más acá de la segunda persona de la Santísima Trinidad, un vice-Dios, en definitiva. Pero un ex vice-Dios es un contrasentido, y el papa de Roma acabará por convertirse, de forma inevitable, tan solo en el “primado” de una Iglesia, exactamente igual al arzobispo de Canterbury, que es “primus inter pares”, si bien con un número de fieles infinitamente mayor.
Doble paradoja, porque de esta manera viene a dar la razón a su antagonista histórico, Hans Küng, y a los más progresistas de los padres del Concilio Vaticano II, cuyo influjo y recuerdo Ratzinger ha conseguido borrar, pero sobre todo porque con su dimisión ha infundido en el solio de Pedro ese “desencanto del mundo” que caracteriza a la modernidad secularizada y que su pontificado, bien al contrario, se ha esforzado desaforadamente por combatir, y con significativos éxitos oscurantistas incluso (el reconocimiento de un Habermas, por ejemplo).

En definitiva, de ahora en adelante podrán convivir en la Iglesia católica un papa emérito y un papa-papa, este último en la plenitud de sus funciones, desde luego (dando por buena la hipótesis de que el expapa lleve realmente una vida de clausura), pero desprovisto ya de su carisma de entidad sacra, perdida para siempre”.

Y uno añade, si hasta ahora era infalible, ¿de la noche a la mañana ya se puede equivocar? Así titulaba El Mundo el 24 de febrero: “El Papa pierde el máximo poder de no errar en temas de moral y costumbres” y decía su autor, José Manuel Vidal: “Perderá la sotana blanca, conservará el título de Su Santidad Benedicto XVI, su anillo será destruido, pero lo más decisivo es que dejará de ser infalible”. Y aunque la infabilidad prácticamente desde Pío XII no se utilizaba para la doctrina de la Fe, sí en cambio quedaba comprometida con la canonización de santos, nada menos en el caso de Benedicto 44, de ellos cinco españoles.





[1] Ver más sobre este Papa en http://juancarloslopezeisman.blogspot.com.es/2012/09/renuncia-del-papa-celestino-v-13.html.

domingo, 24 de febrero de 2013

¿Y qué tratamiento damos al ex Papa?




Son muchas ya las personas que me han preguntado al respecto. ¿Qué tratamiento tendrá a partir del 28 de febrero quien ocupara, como Benedicto XVI, la cátedra de Pedro al frente de la Iglesia Católica?  Hace más de setecientos años (la última fue en 1294, Pietro Angeleri di Murrone, que pasaría a la historia de sus cien días de papado como Celestino V[1]) que no vivíamos una situación así: la renuncia voluntaria de un Papa. La primera fue en el año 97, con Clemente I -cuarto Papa de la Iglesia Católica, al ser condenado y mandado al exilio-, la segunda la de Ponciano también enviado al exilio en el año 235, la tercera Benedicto IX en el año 1044, destituido por la vida que llevaba -aunque luego volvió a ser Papa en 1045 durante un mes y de 1047 a 1048 y el último fue Gregorio XII en 1415, en la época del Cisma de Occidente, obligada por el emperador Segismundo. Es absolutamente inédito que un Papa deje de serlo en vida, lo que introduce en los tiempos actuales una nueva situación protocolaria.

 Papa Celestino V

Es cierto que no ha de preocuparnos mucho si el hasta ahora Benedicto XVI se mantiene apartado del mundo y lejos de la realidad cotidiana. Pero, ¿qué pasaría si un día participara en un evento religioso o de otro tipo? ¿Debemos seguir refiriéndonos a él como Santidad? ¿Hay que seguir llamándole Benedicto XVI? Preguntas difíciles de responder por esa falta de costumbre y la inexistencia de referencias legales al respecto, y sin que la jerarquía católica se haya manifestado aún al respecto con claridad y firmeza.

La lógica no dice que debería dejar de llamarse Benedicto XVI, para utilizar la condición anterior a la que tenía antes de su elección como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo por el Sínodo de Obispos, como Cardenal Ratzinger. Sin embargo, expertos vaticanos consideran que la condición de cardelanato no podrá mantenerla, ya que es un dignidad que concede el Papa y Benedicto dejó de serlo cuando fue elegido Pontífice el 19 de abril de 2005. Sin embargo, es posible que el nuevo Papa le mantenga tal condición, quizá de forma honorífica (otra cosa es que él acepte). Es evidente que seguirá siendo Obispo, cuestión que es de por vida si no se incumplen las normas. 

Dicen los mismos expertos que seguirá llamándose Benedicto XVI porque aunque no sea Papa desde el 28 de febrero, ha sido el Papa que ha llevado ese nombre, y como tal estará en la historia. Además, el sentido común y la lógica nos dice que le seguiremos llamando Benedicto, y probablemente muchos dirán “Papa Benedicto”. Por eso quizá es un poco absurdo pensar en que sencillamente será el Obispo Ratzinguer, o el Obispo emérito de Roma Ratzinguer. Legalmente será así, si no se modifica nada, pero desde el punto de vista protocolario como lo analizamos aquí, sospechamos que la realidad irá por encima de la legalidad.
Según la Agencia Efe, mantendrá el nombre de Benedicto XVI, aunque advierte no tener respuesta para el título que tendrá. Es de imaginar que el nuevo Papa tratará de darle la consideración que estime oportuna. Un ejemplo de que las cosas no pueden seguir igual en cuanto al tratamiento, reside en que un Papa cuando muere se le retira el conocido como "Anillo del Pescador" (símbolo del poder Pontificio) y se destruye una vez el Cardenal Camarlengo verifica la muerte, hecho simbólico que certifica que el reinado ha concluido. En este caso, el portavoz vaticano, Federico Lombardi no supo (o quiso) responder con exactitud a esta cuestión, aunque se mostró convencido en público que su anillo sería machacado, "ya que los objetos relacionados con el ministerio petrino tienen que ser destruidos".

¿Excelentísimo o Eminencia Benedicto?

El caso es que si no es Papa no podrá ser tratado como Santidad, ya que eso se reserva para el Papa titular. No es como el caso de un Rey que abdica y conserva el tratamiento de Majestad de por vida, e incluso el nombre oficial, tal y como ocurriera con Felipe V (en sus abdicaciones), Fernando VII (en su exilio francés) o Alfonso XIII (en su exilio romano). Sin embargo, se nos hace duro pensar que alguien que ha sido Su Santidad en tratamiento pase ahora a ser un sencillo Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo o Eminencia si se decide que tenga la condición de Cardenal. E incluso se nos hace duro pensar que un ex papa se coloque entre los obispos por el orden de antigüedad. Supongo que ante unas circunstancias nuevas (las referencias históricas señaladas no nos valen para lo que estamos escribiendo y menos para estos tiempos) tendrá que resolver el futuro Papa que salga del cónclave que designará al sucesor.

Cuando se manifieste al respecto podremos saber lo que hay que hacer a ciencia cierta, tanto en el tratamiento (por si alguien quiere enviarle una carta a su residencia) o en el protocolo si decidiera estar presente en un acto vaticano o eclesial en cualquier lugar del mundo. Si se diera la circunstancia de que el próximo Papa falleciera antes que Ratzinguer, y éste quisiera asistir a su funeral, ¿dónde se le ubicaría? ¿Un puesto especial? Sí, pero dónde. Bueno, tenemos todas las dudas, pero confiemos que pronto se despejen.
Se requiere para la validez, según el artículo 332 del Código de Derecho Canónico, que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero que no sea aceptada por nadie. La citada fuente de derecho subraya que los dos modos previstos en la legislación para el cambio en la cabeza de la Iglesia son el fallecimiento o la renuncia y que este segundo supuesto tiene una peculiaridad: "No se requiere que sea aceptada por nadie, dado que no tiene superior en la tierra".

Asimismo, agrega que una vez hecha la renuncia y manifestada, en el modo que sea, la sede Pontificia queda vacante y no puede volverse atrás. ¿Pero protocolariamente cómo queda un ex Papa, que además seguirá llamándose como el Papa? Estaremos atentos.




[1] Ver más sobre este Papa en http://juancarloslopezeisman.blogspot.com.es/2012/09/renuncia-del-papa-celestino-v-13.html. 

sábado, 16 de febrero de 2013

¿Vale todo? El ceremonial de Estado vive su segunda transición



La crisis que vive el mundo en general y España en particular también afecta al Ceremonial del Estado y a la aplicación de la legislación vigente y las tradicionales reglas por las que hasta ahora nos hemos venido rigiendo, eso que venimos en llamar la costumbre inveterada. Vive al menos nuestro país una singular segunda transición, necesaria para avanzar en la implantación real de la democracia, aumentar los niveles de transparencia, mejorar los servicios básicos e irrenunciables a los que tenemos derecho los ciudadanos y ventilar la denostada clase política de nuestro país, entre otras muchísimas cosas. Confiamos, por encima de todo, que esta revisión de nuestro sistema traiga un más justo reparto de la riqueza y el derecho real al trabajo, sin olvidar la importancia de consolidar una calidad de vida aceptable para todos los ciudadanos.

Como no es objeto de este blog entrar en consideraciones sobre política y quienes la ejercen, queremos centrarnos en lo que esta segunda transición está trayendo en el ámbito del ceremonial. Hay cosas que son evidentes, tales como una mayor permisividad en el uso de los símbolos oficiales con respecto a la normativa, aplicación libre del Real Decreto 2099/83 sobre ordenación general de precedencias en el Estado y concepción y desarrollo de los actos oficiales bajo nuevos formatos en los que la prioridad ha sido tomada por los criterios comunicativos y periodísticos. Sólo por citar algunas áreas de este cambio. No entramos a valorar la transformación de algunos eventos cuyo perfil se ha reducido bien por inexistencia de recursos o bien por no trasmitir a la sociedad una imagen de sobriedad.

Desde la Jefatura del Estado hasta el más pequeño ayuntamiento, con independencia del presupuesto, tratan de organizar eventos de otra manera, de tal forma que cobra mayor relevancia lo mediático, es decir, la importancia de lo que se comunica, que el hecho en sí mismo. Esto, sin ser criticable, más bien parece loable, provoca necesariamente que el tradicional ceremonial del conjunto de las instituciones sufra importantes modificaciones, en unos casos para bien y en otros no tanto. Algunos expertos incluso se preguntan si es positivo renunciar a determinadas tradiciones o legados culturales en aras a la simplificación o al ajuste económico. Lo que está claro es que por unas u otras razones los cambios están ahí. Insistimos que no pretendemos criticar ni reivindicar nada al respecto, sino solo constatar el proceso de cambio importante en el que ha entrado el ceremonial en nuestras instituciones. Es evidente que era necesario, pero tenemos la duda de si se está haciendo adecuadamente.

Altas instituciones del Estado se afanan en organizar eventos con perfil bajo en su formato y puestas en escena sencillas que no transmitan la imagen de dispendio. Ahorrar en tiempos complejos como los que atravesamos es lógico, pero al menos hemos de reflexionar hasta dónde debe llegarse al respecto. No sería nada de extrañar que esta segunda transición deje en el camino ceremonias históricas como la presentación de cartas credenciales ante el Rey, cuyo aparente boato -legado de más de trescientos años- terminará por sufrir modificaciones o incluso por ser sencillamente eliminadas. En las recepciones oficiales en las más altas instancias hemos observado detalles que nos indican claramente que estamos ante una nueva conccepción del Protocolo de Estado. La participación de los miembros de la Familia Real en eventos organizados por otras entidades se hacen bajo consignas nuevas que obedecen a la austeridad, practicidad y acercamiento a la sociedad, algo que no criticamos, al contrario, pero que sí constatamos.

Está claro que en la mayoría de los casos la organización se ve condicionada por la escasez de recursos económicos, pero a la sombra de esa circunstancia se están produciendo notables cambios que no siempre son imputables a la economía o a la necesidad de comunicar mejor. Evolucionar en este sentido es positivo, aunque en algunos casos lleve consigo la pérdida de cierta identidad y riqueza cultural. Una cuestión que dejamos ahí para proceder en algún momento a una reflexión o debate en más profundidad. Pero vaya por delante que no siempre evolucionar es cargarse patrimonios culturales que forman parte de nuestra idiosincrasia y del legado histórico.
Inauguración de la Asamblea de Cámaras de Comercio con motivo del 125 aniversario delas Cámaras. Acto celebrado en Madrid (de izquierda a derechoi, Secretaruio de Estado, Presidente de la Comunidad, Príncioe, Presidente del Consejo Superior de Cámaras y Alcaldesa de Madrid. Fuente: www.camaras.org.


En aras a esta "transformación" o evolución del Protocolo Oficial la aplicación de las precedencias fijadas por norma en el Estado han entrado en barrena. Hoy puede justificarse que el Secretario de Estado de Industria vaya por delante de la Alcaldesa de Madrid, en un 125aniversario de las Cámaras de Comercio organizado por su Consejo Superior en la capital de España, bajo la presidencia del Príncipe de Asturias, o que la Alcaldesa de Cádiz preceda al presidente del Parlamento andaluz en la conmemoración del bicentenario de La Pepa. Salvo errores sonados, fruto en muchos casos del desconocimiento de quienes lo aplican o de la politización de muchos eventos oficiales, en materia de precedencias se ha pasado de la aplicación legal a la justificación libre del anfitrión en función al tipo de evento. Puede que no sea malo, pero sí lo es que en supuestos idénticos las soluciones sean dispares, lo que da pie a las consideraciones subjetivas sobre la normativa vigente. Así las cosas, la necesidad de actualizar el Real Decreto 2099/83 pierde fuerza: ¿para qué cambiar, si cada acto puede requerir soluciones al margen de lo que se disponga? ¿Merece la pena abrir un gran debate para actualizar el Real Decreto si luego cada cual lo adaptará a sus situaciones? Volvemos a reivindicar que es necesario actualizar todo el conjunto de normas que afectan al Protocolo del Estado, pero también a uno le entran severas dudas sobre si merece la pena si al mismo tiempo no se generan los controles correspondientes.

En este contexto, el presidente regional seguirá compareciendo bajo una sola bandera, la de su comunidad autónoma (este hecho ya no puede imputarse solo a los partidos nacionalistas). Será justificable cuando queramos que un delegado del gobierno se quede fuera de una presidencia en la que si esté el Alcalde (no siendo acto municipal) o que se interprete el himno nacional en los formatos y duración que nos venga en gana. En este caos que ahora vivimos vale casi todo y basta con mirar la actualidad de cada día, lo que nos hace concluir que en la organización de los actos importantes los responsables de comunicación han tomado el control. Y para nada es bueno. Debe permanecer la conjunción de todos los factores clásicos vigentes en los eventos: protocolo, comunicación, seguridad, producción y creatividad. Los criterios comunicadores se imponen a los protocolarios como si éstos fueran negativos o pasados de moda (estamos en momento de descrédito), así como el mayor control político para beneficiar al color partidista de sus promotores. Si todo es justificable, para qué vamos a normativizar. Sería un error no hacerlo, porque es necesario evolucionar en los actos oficiales, pero también es imprescindible regular determinadas cuestiones que no deben quedar a la libre interpretación. ¿Es justificable el orden de la Familia Real en las dos últimas recepciones -Pascua Militar y Cuerpo Diplomático- en el Palacio Real? Si lo es, estamos ante un nuevo panorama, donde a falta de argumentos siempre nos quedará la frase contundente: "En casa de uno se hacen las cosas a su manera" y da igual que sean actos de Estado.

Recepción Pascua Militar. 6 de enero de 2013. Fuente: www.casareal.es. Borja/fotógrafos
 

Recepción Cuerpo Diplomático. 23 de enero de 2013. Fuente: www.casareal.es. Borja/fotógrafos


Y a menor escala, el vale todo se ha impuesto. Creo que hay que evolucionar y cambiar muchas cosas en el ceremonial de Estado, pero hay que empezar por adaptar normativas y perseguir las libres interpretaciones que en la mayoría de los casos precisamente no responden a justificación sostenible alguna. En fin, es la segunda transición. Veremos por dónde deriva.